los hombres son como los baños…si no están ocupados son unas m…

cuando el amor es sufrimiento

Posted on: marzo 2, 2008

 “El sufrimiento le da templanza al amor, pero nunca será la vía que lo alimente”. ¿Por qué tantas mujeres se obsesionan por el hombre equivocado o por hombres que no pueden amarlas”?, ¿qué fantasías e ilusiones se activan cuando aparece “el hombre soñado”?, ¿por qué una mujer que “ama demasiado” es capaz de realizar tareas que requieren enormes esfuerzos y energía por el “hombre que ama”? y, sobre todo, ¿por qué permanece en una relación que le provoca un profundo sufrimiento?  Para responder a estos interrogantes, debemos partir del modelo cultural que nos atraviesa y que nos inculca la idea de que la profundidad del amor se puede medir por el dolor que causa y que aquellos que “sufren de verdad, aman de verdad”. Es decir que se valora positivamente la voluntad de sufrir por amor. Canciones populares, óperas, literatura, telenovelas diarias, filmes y obras de teatro aclamadas por la crítica otorgan un viso “romántico” al sufrimiento por amor y, por ende, la adicción a una relación. En este marco, pocos son los que pueden relacionarse en forma sana, madura y honesta. De hecho, muchas veces confundimos lo “sano” con lo “aburrido”, de manera tal que si en una relación falta el ingrediente pasional tendemos a pensar que, en realidad, no estamos enamorados. Pasión significa literalmente “sufrimiento” y, a menudo sucede que cuanto mayor es el sufrimiento más profunda es la pasión. Así, vamos entrando en una relación a través de una gran puerta que dice TODO POR AMOR, soportamos grandes cuotas de sufrimiento y cuando pretendemos irnos, resulta que no es fácil hallar la pequeña puerta de salida: preferimos vendarnos los ojos con pensamientos negadores antes de enfrentarnos con la realidad. Nos decimos “vale la pena”, justificando más dolor con más dolor, dando comienzo a una relación adictiva. Es fácil detectar a una pareja tóxica en la que uno ama y el otro se deja amar. Basta con observar el destino de sus miradas: ella mirándolo (ad-mirándolo) y el…mirando hacia otro lado. Llegados a este punto, es necesario aclarar que no solo las mujeres padecen esta “enfermedad”. A veces, es el hombre el que actúa el guión de “víctima” en otros escenarios, siendo la mujer la que “se deja amar” en esta danza de juegos relacionales. Pero, en la mayoría de los casos, y debido a la interacción de factores biológicos y culturales, estos hombres (por lo general dañados y distantes) tienden a protegerse y evitar su dolor mediante objetivos más externos que internos: trabajo, salidas, hobbies, deportes, etc. La mujer, mientras tanto, se obsesiona con este tipo de hombres, generándose la fantasía de que va a cambiar “por la fuerza de su amor”. Se trata, por lo general, de mujeres que son capaces de “dar todo”, sintiéndose al mismo tiempo necesitadas. Nada les parece demasiado esfuerzo si creen que ello puede ayudar a su hombre y asumen más del 50% de la responsabilidad de lo que no funciona en la pareja. Su amor propio es bajo, por ello “quedan pegadas” a lo que no funciona ni las hace felices. Por otro lado, necesitan controlar a sus hombres y sus relaciones pero lo disimulan bajo la apariencia de ser “útiles”. Este patrón puede deberse al hecho de que, probablemente, en su infancia hayan recibido mensajes que confundieran el ser con el hacer, generándose así la idea de un seudo-amor o amor “condicional”: “si hago tal o cual cosa me siento amada”. Sumado a esto, la relación con los padres, la incapacidad para estar solas, los noviazgos traumáticos anteriores y la escasa autovaloración son algunas de las causas que potencia las llamas de este tipo de “amor”. Así, una mujer que “ama demasiado” se ama “demasiado poco” a sí misma por lo que no es fácil salir de esta trampa que supone el “hacer por el otro” para llegar a “ser”. La persona no está bien, pero siente que estaría peor sola. El otro solamente cumple la función de compañía. En este tipo de historias el afecto genuino no tiene lugar, pues el miedo y el temor al abandono es lo que sostiene el vínculo. Si usted se identifica con algunas de las características de una mujer que “ama demasiado” sepa que la recuperación es posible a pesar del gran desafío que ese logro supone: enfrentarse con usted misma, su historia y sus miedos. Si elige recuperarse, dejará de ser una mujer que sufre por amor para pasar a ser una mujer que se ama lo suficiente como para detener el dolor.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: