los hombres son como los baños…si no están ocupados son unas m…

ADIOS, ADIOS AMOR

Posted on: febrero 7, 2008

 Un sueño que se hace añicos contra el piso. Definitivamente nadie te enseña como separarte. Cuando el amor te sorprende experimentas una tormenta química difícil de explicar.Te volves mas sensible a las cosas que te rodean, incluso la forma en la que respiras es distinta, tu visión del mundo ha cambiado, la del entorno también. Te descubres diferente porque te ves con los ojos del otro, y eso hace que te sientas más completo. La adrenalina se dispara y cada encuentro es un viaje al placer… hasta que un día el viaje acaba y te despertas en medio del paisaje mas árido que puedas imaginar, sin saber que hacer, con una valija cargada de preguntas inútiles y sintiendo una orfandad que ni la misma Andrea del Boca te podría describir. De la noche a la mañana, todos aquellos recuerdos felices que colmaban tu vida se vuelven objetos cortantes  donde quieras que pongas la mirada. Cuando prendes la radio, está Sandra Mihanovich, cantando: Todo, Todo me recuerda a ti… y queres matar a Sandra,  a Celeste y todos los que te lo recuerden. Y ni que hablar si tienen amigos comunes. El desfile en la casa para ver el cadáver del amor se vuelve incesante. Fotos, ositos, corazones y algún peluche de cuarta que nunca te gusto pero que era hermoso, porque era de él, lugares comunes, la música compartida… un montaje de recuerdos cargados de partes de un todo que no llevan ya a ningún sitio, pero producen mucho dolor. Negando al objeto de deseoA medida que vas despertando de ese trance de  felicidad, experimentas otro trance que te lleva al odio, una química hostil que arrasa con todo lo bueno que hay en ti, llenando el vacío Con un montón de significados que pueden significar algo, en realidad nada, porque todo ya se ha ido por la ventana y es un estado sinérgico de que las cosas vuelvan a estar como estaban, una batalla estéril que no te permite asumir el final, convirtiendo cualquier gesto del otro en una señal de amor, un camino a seguir, una luz débil que abre las puertas de la esperanza. Persistir en el intento de que las cosas vuelvan al estado anterior no solo es licito, es necesario. Siempre existe la posibilidad de que todo haya sido una tormenta pasajera. A partir de aquí, hay varias formas de afrontar la realidad, hay gente que hunde la cabeza en el piso y espera que todo sea pasajero, hay otros que toman la decisión, no sin sufrir menos por terminar con una vida en común, todas las perdidas necesitan pasar un periodo de duelo, es un tramite irrenunciable y  absolutamente obligado que no se puede elegir, e intentar ignorarlo solo causara mas daño al igual que permanecer sumergido en la vana esperanza. ¡Cortala de una vez!!! Una vez superado el periodo en el cual dejas de llamar al otro, y dejas de reprocharte a vos mismo con pensamientos negativos, es fundamental recuperar las riendas de tu propia vida.Asumir lo que fue y desengancharse de lo que pudo haber sido es un paso vital si queres liberarte. Y no hablamos de renegar de lo que realmente vivimos, se trata de asumir que la cosa no va más, pero seríamos necios con nosotros mismos si vamos por la vida desparramando las miserias del otro. Que si se hacia pis en la cama, que si cogía mal, que la tenía chica, que no valía la pena, estas son todas las desdichas del otro que en nuestra boca, lo único que hace es hablar de cuan miserable es el que las pronuncia. Que en definitiva si alguna vez lo amamos algo bueno debería tener. Quemar fotos y cartas es catártico durante algunos minutos, pero no te resuelve la situación ni va a desviarte de sentir ese dolor que provoca el duelo. Y no está mal volver por el barrio, ver a la gente que mas queres, retomar aquellas cosas que tenias paradas por falta de tiempo y disfrutar de cosas nuevas, nuevos lugares, nuevos libros, nuevas actividades. El dolor tiene fecha de vencimiento hay que dejar que se vaya. 

Cierta vez que me encontraba en trance de divorcio, y hablé con mi madre por teléfono contándole la noticia, ella se apareció por mi casa y viendo los estragos que ya habían provocado en mi la separación, miró fijamente a un amigo que conmigo se encontraba y dijo en voz alta: “¡Hay que cambiar los muebles de lugar!” -observando a Gustavo, mi amigo- que la veía también desconcertado, ambos se pusieron a mover pesados muebles, a cambiar cuadros de lugar y a tomar mate, mientras yo descubría que algo ya había cambiado y de esa manera me puse de pie para empezar – ya solo- a recorrer mi camino.

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